En muy pocas ocasiones, una persona, un profesor, ha dejado tan buena impresión a su paso por esta Escuela de Arte. Esto es lo que ha ocurrido con Manuel Ordóñez Gómez, que en solo tres cursos, los comprendidos entre 1994-1997, supo ganarse la amistad y el respeto de los que tuvimos la suerte de conocerle como compañero y como persona. Su carácter alegre y siempre positivo unido a su capacidad de trabajo, era garantía suficiente como para alcanzar de forma exitosa cualquier proyecto que se le pidiera, especialmente su labor en clase, razón por la cual alumnos que fueron suyos y nosotros mismos, sus compañeros, seguimos recordando en algunas ocasiones, a la persona de Manolo Ordóñez y al profesional que lleva dentro.

Profesionalmente debo decir que su trabajo en encanta. Su fotografía muy cuidada y sensible habla de él como una obra pictórica lo hace con su autor, especialmente cuando trabaja en blanco y negro, lo hace con una sencillez admirable, sublime. Técnicamente por su conocimiento y meticulosidad, es perfecto. Puede parecer un exceso de alabanza a Manolo Ordóñez, pero no es así, es decir una verdad, porque es verdad.

Siento que decidiera seguir otro camino, un camino más seguro para él y su familia, pero aquí, en esta Escuela, nos quedamos con el deseo de que se hubiese quedado para siempre.

Luis Cárdenas Castillo Director