Existe un refrán muy popular en África que afirma que "cuando muere un viejo es como si ardiese una biblioteca". Es curioso que cuando se produce un "alumbramiento", que también es sinónimo de fuego, se refiera a un parto, al nacimiento de alguien, que por analogía también se le atribuye a las cosas creadas de la nada. Estamos asistiendo pues, con la inauguración de esta galería, a una epifanía donde lo que se adora son productos surgidos del "entusiasmo", la capacidad, la inteligencia y la sabiduría humanas, con una pequeña participación de lo que la epistemología griega llamó los cuatro elementos básicos: el agua, el aire, la tierra y el fuego.

La Humanidad primitiva ya conoció el miedo a lo perecedero, a la angustia de lo no revelado, y, a partir de entonces, comenzó una carrera hacia la combustibilidad. Es una batalla que, hasta nuestros días, se viene librando en un doble frente: la inmortalidad física y la del pensamiento. En una actitud materialista, lo primero es imposible; mientras que con lo segundo, (los objetos creados por el hombre con un propósito de subsistencia: cerámica, útiles e indumentaria, o con la intención de dotarse de una mayor calidad de vida: Escritura, muebles, tejidos, lámparas, hornos, norias, telares..., etc., o con un claro signo de ostentación y de dominio: arquitectura palaciega y religiosa o piezas de orfebrería y platería, o, incluso, con intereses absolutamente bastardos como la arquitectura funeraria), puede hacerse, no solo, una lectura estilística de las piezas, sino refrendar actitudes pasadas, ideologías perdidas, secuenciar historias. Es decir, todo un proceso de recuperación, una resurrección, un renacimiento, que ayude a comprender el pasado para reafirmar el presente, creando una energía llamada cultura.

Construyendo un nuevo "jardín de dudas", como gustaban denominar algunos ilustrados a sus bibliotecas, con nuestra galería se conseguiría, en primer lugar, satisfacer la vanidad personal del artista y su interés por la inmortalidad. En segundo lugar, ofrecer nuevos productos del futuro, y, en última instancia, desafiar al fuego y a todos los viejos que se mueren en el mundo.

Rafael Recio Mora (El Post-parto)